jueves, 16 de agosto de 2012

MONOCULTIVOS Y OTRAS YERBAS


EL COLONIALISMO NO TERMINO. Continua invadiendo nuestras vidas hasta en las cosas pequeñas y cotidianas. Es posible que no seamos conscientes de esto?
...SI, es posible 
Numerosas empresas transnacionales invaden nuestra América Latina creando nuevas situaciones de dependencia colonial: NEOCOLONIALISMO.
Son los modelos extractivistas, los que se apropian de los recursos naturales devastando los ecosistemas.
Necesitamos repensar las relaciones de la ciudad y el campo en épocas de globalización, demostrar que el avance de los Agro-negocios y de los modelos de agricultura industrial con cultivos transgénicos, NO son ineludibles como se enseña y naturaliza mediante la colonización pedagógica y académica.
Necesitamos tomar conciencia de que estos roles que nos fueran asignados por los mercados globales, configuran una agresión a la identidad cultural de nuestros Pueblos, al arraigo de las poblaciones, a sus patrimonios alimentarios y sus posibilidades inmediatas de supervivencia en una sociedad transcolonizada por las corporaciones. En especial ahora, frente a horizontes de cambios climáticos y catástrofes bancarias y financieras como jamás antes ocurriera.

Para una o dos generaciones previas a la nuestra, el haberse preguntado por el origen de los alimentos que componían la mesa familiar, no hubiera tenido mayor sentido.
Esta situación se ha modificado de manera sustancial en un par de generaciones: nos han impuesto la industrialización de los alimentos; la preocupación por las fechas de vencimiento, que tienen relación tan sólo con los productos químicos añadidos; el hábito de ingerir comida chatarra; una comercialización despersonalizada en que nos surtimos en las góndolas; por último, la inmensa dilapidación de energía que suponen las enormes distancias recorridas por los productos, las cadenas de frío, de conservación, envasado y comercialización, hasta llegar a nuestra mesa. Si a ello se suma todo cuanto han logrado a través de la publicidad para modificarnos los hábitos de consumo, estamos frente al secuestro de nuestras vidas por las corporaciones.

Necesitamos generar modos de vida que permitan recuperar la autoestima del trabajo de la tierra y muy especialmente de los tan menoscabados cultivos de auto-subsistencia, a la vez que imaginar modelos de producción cada vez más amigables con la Naturaleza; modelos que posibiliten recuperar aquellas relaciones inteligentes de observación y aprovechamiento de los recursos, que se han ido extraviando en los prolongados procesos de aculturación, como consecuencia de las prácticas de agricultura química y a gran escala.

Los modelos de monocultivos; las producciones masivas de commodities; la Biotecnología y las semillas GENÉTICAMENTE MODIFICADAS; la minería por cianurización; los bosques implantados de árboles exóticos; la alimentación de animales en encierro con sojas transgénicas y balanceados industriales; el avance de las fronteras de agricultura industrial sobre las tierras campesinas y los montes nativos; la desaparición de pastizales nativos y de humedales bajo la lógica de una mayor rentabilidad; la conversión de los productores locales en eslabones de grandes cadenas agroalimentarias; así como la producción de biocombustibles para los automóviles de Europa desde la agricultura de América Latina; se consideran aspectos propios de un precio inevitable que es preciso pagar a la modernidad.

REALMENTE DESEAMOS PAGAR ESE PRECIO? Estoy convencida, que no lo deseamos. Es un precio muy alto por algo que en definitiva nos perjudica no solo económicamente, sino también culturalmente.
La gente de ciudad vivimos un poco distraídos en este aspecto. Debemos aprender a ser consumidores responsables. Responsables por lo que compramos y en donde lo compramos, porque estas acciones cotidianas modifican las costumbres y tradiciones de nuestros pueblos. 
Comer sano, consumir frutas de estación y verduras y hortalizas locales es una manera de elegir ser nosotros mismos, defender nuestra identidad y hacer prevalecer nuestra cultura.

Fuente: Monocultivos, fumigaciones, agronegocios y modelos neocoloniales. Por Jorge Eduardo Rulli

Es una sugerencia de HDN