jueves, 8 de octubre de 2009

COSTUMBRES ARGENTINAS...

En Buenos Aires, caminar sin mirar dónde se pisa puede ser peligroso: hay caca de perro en todas partes!!! Hay multas de entre $ 25 y $ 200 pero nadie las paga, y apenas hay 10 inspectores para toda la Capital
Los dueños del animal tienen la obligación de limpiarla, pero la mayoría no lo hace.
Los barrios más sucios, según el Gobierno porteño, son Recoleta, Palermo, Caballito y Flores. Pero el problema afecta a toda la Ciudad, donde los perros dejan 70 toneladas de excremento por día.
En el Ministerio de Espacio Público anticipan que, próximamente, los controles pasarán al área de la Dirección de Inspección de la Subsecretaría de Higiene Urbana, que tiene 100 inspectores. En cualquier caso, es imposible controlar con inspectores que los dueños de los 425.978 perros que, según el Instituto de Zoonosis Luis Pasteur, hay en Capital, limpien la caca.
Hace falta que la gente tome conciencia de que los excrementos no sólo son desagradables, sino que transmiten enfermedades.


PD: creo que la solución mas rápida, fácil y con muchas probabilidades de éxito seria instruir al animal desde pequeño a hacerse cargo de lo que deja. Entrenarlo para que avise con tiempo asi hace caca en su casa o, inventar algún dispositivo desplegable y sencillo para que el mismo levante su deposición.. Siempre sera mas sencillo que enseñar al dueño a tomar conciencia.


MORALEJA: El perro hace caca en la vereda, el dueño se caga en el respeto y las buenas costumbres.

AUDIO DEL DR. E. BALEANI. "COLUMNA DE OPINION"



Waldie

¿Quién sabe del lugar? ¿Adónde has ido?

Campanillas celestes y violetas
evocan tu presencia en acuarela.

La imagen marrón de tus festejos,
la alegría de las mieles de tus ojos
cuando me avizorabas desde lejos.

He muerto a mi perra. Cuando caminar
la hacía gemir con cada paso,
cuando dejó de comer y la mirada
se opacó en un velo azul intenso,
la alcé en brazos y la llevé a su muerte.

En tanto la droga apagaba en su cuerpo
los dolores ¡y la vida en su mirada!, sus ojos
se apoyaron en mis ojos, pupila con pupila,
lágrima a lágrima, resignación y pena.
Nunca más su ladrido. Apoyó su cabeza
en mi abrazo y se entregó al narcótico y al sueño.

¡Cuánto más pesa un cuerpo, cuando al peso
se le suma la importancia de la muerte!

Atesoro en mi memoria tu nombre,
historia, festejos, tu alegría,
el amor incondicional que me entregaras…
y la mirada transparente. La mirada castaña,
la mirada de perdón, la mirada agradecida
por el cese del dolor... tu última mirada...